Por: Omar Hidalgo. Profesor del curso Comunicación Empresarial. Carrera de Comunicación y Marketing.
Dejo las líneas cognitivas y entro a un sendero emocional donde me permito explicar porqué el espacio docente viene teniendo un sentido importante desde mi individual punto de vista personal y profesional.
Alguna vez un coach me comentó: si quieres dejar un camino y contribuir de manera trascendente con este mundo tienes tres opciones: ten un hijo y edúcalo con valores constructivos, escribe con pasión un libro o comparte tus conocimientos con otros. Si bien los dos primeros se mantienen en agenda, la activación del tercero hace un año me viene trayendo innumerables sonrisas. Soy de los que cree que la razón de la vida es utilizar la felicidad como medio y motor de las cosas, demostrando actitud y pasión cuando se es uno mismo, y como fin o destino de un círculo emocional encantador, que te permite ojear un espejo retrovisor lleno de experiencias espectaculares. En ese sentido, la docencia viene convirtiéndose en una oportunidad de compartir experiencias y un espacio para construir aprendizaje circular, donde el hablador reta al que se come la lengua y donde las patinadas a veces construyen más que la ciencia, porque los aciertos se refuerzan pero los errores se corrigen y se evitan a futuro. Discuto muchas veces el sistema educativo, pero la formación universitaria les permite a mis alumnos discutir un sistema global muy consumista, poco ético o mediocre, utilizando los conceptos que regalamos, reutilizando la actitud que tratamos de inspirar y eligiendo señalar un norte posible en vez de imposible.
Sé que algunos de los alumnos involucrados tienen una graduación dentro de muy pocas semanas. Reviso nombres, caras y recuerdos y entiendo que la universidad siente suficientes motivos de orgullo en cada uno de estos profesionales. Hablo de aquella risueña y divertida alumna, transparente en sus emociones y cándida al momento de escuchar una clase quien ahora realiza una tesis espectacular y que al solicitar mi apoyo también recibe mi admiración. O de aquel fotógrafo con quien compartí espacios académicos y deportivos, quien con una practicidad entendía la visión de mis cursos y los aterrizaba siempre a los escenarios de clientes que experimentaba día a día. O a aquella pareja viajera que complementan dedicación versus visión y convierten conceptos en realidad. Me permito regalar una línea a cada uno, porque siento que es menos de lo que merecen, pero es una correcta bienvenida al mundo profesional, donde si te duermes te duermen y donde el éxito se resumen en ser feliz y mantenerse feliz. Aplaudiré con encanto cada diploma, miraré a lo alto esa lluvia de birretes que contienen el mensaje de una primera meta cumplida, sonreiré a cada gesto de alegría como cómplice de este proceso, agradeceré a cada uno que me de las gracias porque el aprendizaje viene siendo mutuo y el intercambio entre consejos y experiencia nos enriquece a todos.
Me encierro nuevamente en mi espacio académico, evaluando conceptos pero con la tranquilidad de que el bloque profesional que compartimos se va llenando poco a poco de gente con la capacidad suficiente para hacer las cosas de una manera brillante.
Twitter: @omarhidalgom
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